“Hola, Zeus”, dijo Kortright, mientras su expresión volvía a su sonrisa habitual. “Esto es genial, estaba a punto de llamarte… Sí, he hablado con los de Disney, yo… No. Básicamente, Zee, lo que conseguimos es no, nada, olvídalo. ¿Por qué? ¿Por qué? Bueno, es muy simple, amigo mío, no puedes querellar a Disney, tienen mejores abogados que tú, pueden permitirse mejores abogados… eh, no me vengas con esas, tío. Quiero decir, quizás seas Dios Todopoderoso, pero ellos son la jodida corporación Disney…”

Tom Holt – Valhalla

Alabado sea Mickey, porque él es algo repelente.

Disney. Creadores de Mickey Mouse, Pato Donald e incontables personajes más. Dulcificadores – por no usar otra palabra – de innumerables cuentos de Grimm y Perrault. Homenajeadores – ehem – de Osamu Tezuka y su león blanco. Magos de la animación, ángeles de la narración, demonios del plagio. Y dioses. Dioses con una enorme caterva de fieles que no tiene nada que envidiar a la Iglesia Católica o a cualquier religión mayoritaria. Seamos sinceros: Disney ha dejado de ser una simple corporación para pasar a ser algo más. ¿Que no? ¡Veamos las pruebas!

Cualquier religión mayoritaria, por ejemplo, tiene poder, el cual trae el dinero de la mano (¿o era al revés). A base de dinero se han tapado miles de escándalos eclesiásticos de una y otra fe, y a base de poder se ha establecido – o intentado establecer – un control sobre las leyes que afectan tanto a sus fieles como a los que no lo son. Y ahí tenemos a Disney, logrando que se cambie la ley del copyright para aumentar su longevidad cada vez que Mickey está a punto de pasar al dominio público.

Las religiones asimismo intentan captar a sus nuevos fieles desde pequeñitos – caso en el cual no necesitan ir de puerta en puerta para hacer proselitismo, como con los adultos. Lo único que necesitan es la tradición familiar para que el niño se críe en la fe correspondiente. Antes de que el niño pueda siquiera elegir lo que él quiere, se le moja la cabeza con agua y se le bautiza o se le circuncida. Y ahora decidme… ¿cuántos niños habéis visto que no tengan un ajuar completo plagado de personajes Disney ya desde el mismo día del nacimiento, antes siquiera de que abran los ojos? ¡Yo he visto a niños salir del mismo hospital envueltos en una mantita de Mickey!

Como sabrás, si quieres merecerte el apelativo de fiel, tendrás que rezar todos, todos los días. En este caso no rezarás tú. Lo harán tus hijos. Sólo que en vez de repetir como loros una oración religiosa la cual no saben qué significa, repetirán como loros una canción de la última estrella Disney de la cual no saben qué significa.

Y ya para terminar, recordemos a Tierra Santa. Llamémosle Rocío, Meca, Jerusalén o Santiago de Compostela. La peregrinación – con o sin alcohol, con o sin polvo del camino – es algo bastante presente en cualquier religión organizada actual. Y yo ya he perdido la cuenta de a cuantos padres he oído decir “cuando el peque sea un poco mayor, lo llevamos a Eurodisney de cabeza, que le gustará mucho”.

En definitiva, Disney está sobreviviendo hoy día gracias no sólo a Pixar, sino a una legión de fieles adoradores de tito Walt. No quiero ni pensar el día que haya fieles de Gormiti.