¡Mamá! ¡Estás mezclando poliuretano con polietileno!

Lisa Simpson

Ay, el reciclaje. La de ríos de tinta que han corrido, gracias al reciclaje. La de constelaciones de píxels que han surgido, gracias al reciclaje. La de chistes malos (en su mayoría) y buenos (muy pocos) que han surgido a costa del noble acto del reciclaje. La de trabajo que nos ha dado el reciclaje. La de puestos de trabajo que se han perdido, con el reciclaje. En definitiva, qué pesadez y qué insistencia y que coñazo, con el reciclaje.

No es que el reciclaje sea algo malo, más bien el contrario. Hay que reusar, reutilizar, reciclar y arreglar, ya que el estado actual de las cosas no es sostenible ecológica ni económicamente. Sin embargo hay que reconocer que a veces, en esto del reciclaje, se cometen despropósitos, como esas famosas papeleras con múltiples compartimentos para diferentes tipos de basura, los cuales desembocan todos en la misma bolsa (las he visto en la estación de Santa Justa). O esos supuestos camiones que agarran la basura de los diferentes contenedores y se la llevan toda junta (esto es falso; dichos camiones tienen compartimentos internos). O eso de seguir utilizando productos completamente obsoletos e inútiles, sólo por ahorrar, incluso a riesgo de nuestras propias vidas y bienestar (1). O incluso, cosas como la que ahora mismo me ocupa: promocionar a través de folletos (impresos en papel no reciclado, ¡habráse visto!) un programa de reciclaje de electrodomésticos llevado a cabo por Lipasam.

Estos folletos informan de la posibilidad de llamar al 010 para concertar una cita con operarios de la empresa pública sevillana de limpiezas, los cuales vendrán a tu casa a recoger esa basura electrónica que tanto daño haría tirada en un simple vertedero. Vienen gratuitamente a tu casa y se llevan lo que les des; como RETO pero con menos componente religioso. Esto, de por sí, no tiene nada malo; lo malo viene cuando en un sólo buzón de una casa particular meten ocho folletos iguales. Ocho.

Folletos publicitarios de reciclaje de aparatos electrónicos a punta pala.

¡Aquí hay cinco o seis árboles muertos! ¡O más!

Ya no sólo es que esté en papel blanco (y satinado, encima). Ya no sólo es que esté impreso a cuatro tintas, cuando con dos – o incluso una – podría haberse hecho un trabajo bastante aparente, ahorrando mucho en recursos (estoy casi seguro de que el ayuntamiento sevillano no está como para ir tirando el dinero). Es que encima los repartidores los van repartiendo a puñados.

(1) Ah no. Esto no pasa en la vida real, sólo en el último tebeo de Mortadelo y Filemón “A reciclar se ha dicho”, que demuestra una vez más que el Ya-No-Es-Maestro Ibáñez está un poco gagá. Algún día tengo que hacer un post sobre ese cómic. Pobre hombre. Con lo que era…